

Conoce la historia de nuestros ex-patrocinados en estos 50 años de ministerio en El Salvador
Verónica desde muy pequeña, aprendió a enfrentarse a las adversidades de la vida. Hija de madre soltera, viviendo solo con sus hermanos y su abuelo materno, creció en una comunidad donde los recursos eran limitados y las oportunidades escasas.
Verónica, a pesar de su corta edad, comprendía los vacíos y necesidades que atravesaban a diario. Su madre trabajaba arduamente en oficios varios para mantener a la familia. Sin embargo, los problemas no la desanimaban; con una sonrisa siempre en el rostro, amigable y alegre, se esforzaba por aprender y soñar con un futuro mejor.
Era común que los alumnos llegaran a la escuela con ginas y bolsos de hilos hecho a mano y sin uniforme escolar. Pero para Verónica fue genial que ella y sus compañeros, quienes también estaban patrocinados, ya iban con zapatos nuevos , bolsos, cuadernos y uniforme completo...
Abilio Reyes es un hombre de 33 años, originario del Cantón San Francisco distrito de Citalá, Chalatenango Norte, cuyo camino de transformación es una historia de esperanza, esfuerzo y el poder de la solidaridad.
Creció en una familia que vivía en una situación económica muy difícil. Desde pequeño, a la edad de seis años, era bien responsable, siempre ayudaba a su madre con las tareas domésticas mientras ella ayudaba con la carga económica cuidando niños y lavando ropa ajena. Su papá trabajaba haciendo palillos de madera. La vivienda de la familia estaba hecha de bajareque(lodo y bambú), el techo muy deteriorado, que reflejaba las carencias que enfrentaban.
A pesar de las dificultades, Abilio fue un niño lleno de sueños y aspiraciones. Comenzó su educación en una escuela del cantón San Francisco, donde cursó primer grado. Luego, se trasladó a la escuela del Cantón El Rosario, con la esperanza de continuar su formación. Fue entonces cuando en 2001, tuvo la oportunidad de ser patrocinado por World Vision El Salvador, una organización que cambió su vida para siempre...
Glenda es una mujer salvadoreña que, desde muy pequeña, fue testigo del impacto que puede tener la esperanza cuando se siembra a tiempo. Nació en el cantón Chilamates, Chalatenango, una zona fuertemente marcada por el conflicto armado de los años 90, que dejó profundas huellas de pobreza, dolor y trauma en las familias más vulnerables.
En medio de ese panorama difícil, llegó World Vision El Salvador, llevando consigo no solo ayuda material, sino consuelo, acompañamiento emocional y oportunidades que transformarían vidas. Glenda fue una de las primeras niñas en ser patrocinadas en su comunidad, y su historia es testimonio vivo del poder de la solidaridad y el amor sembrado en la infancia.
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